Adicciones y discapacidad intelectual: comprender, acompañar y prevenir sin dejar a nadie atrás

PREVENCIÓN DE ADICCIONES EN PERSONAS CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL
PREVENCIÓN DE ADICCIONES EN PERSONAS CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL

Las adicciones pueden afectar a cualquier persona. Sin embargo, no todas cuentan con las mismas oportunidades para prevenirlas, reconocerlas o acceder a los apoyos que necesitan para afrontarlas.

Para una persona con discapacidad intelectual o del desarrollo, comprender qué es una adicción, identificar sus señales de alerta o pedir ayuda puede resultar más difícil cuando la información no es accesible, faltan apoyos personalizados o el entorno no sabe cómo acompañarla.

Por eso, hablar de adicciones y discapacidad implica ir más allá de la prevención. También supone defender el derecho de todas las personas a recibir información comprensible, tomar decisiones sobre su propia vida y acceder a los recursos necesarios para cuidar su salud y bienestar.

Con motivo del 29 de octubre, Día Nacional del Juego de Azar sin Dinero, Plena inclusión Andalucía quiere contribuir a visibilizar esta realidad y recordar que la prevención de las adicciones debe contar también con las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo.

Las adicciones van más allá del consumo de sustancias

Cuando hablamos de adicciones, solemos pensar en el alcohol, el tabaco u otras drogas. Sin embargo, también existen las denominadas adicciones comportamentales, relacionadas con determinadas conductas que pueden llegar a ser difíciles de controlar y afectar negativamente a la vida cotidiana.

Entre ellas se encuentran los problemas relacionados con el juego de azar y algunas formas de uso problemático de Internet, las redes sociales o los videojuegos.

Es importante recordar que utilizar el móvil, jugar a videojuegos o participar en redes sociales no significa tener una adicción. La señal de alerta aparece cuando existe una pérdida de control y esa conducta empieza a interferir de forma significativa en la vida diaria, las relaciones personales, el descanso, los estudios, el trabajo o el bienestar emocional.

En estos casos, reconocer el problema a tiempo y contar con apoyos adecuados puede marcar una diferencia importante.

Cuando comprender el problema resulta más difícil

Las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo tienen derecho a recibir información sobre las adicciones y a participar en las decisiones relacionadas con su salud. Sin embargo, pueden encontrarse con barreras que dificultan la prevención y el acceso a los recursos.

Una de ellas es la falta de información en formatos accesibles y comprensibles. Si los materiales utilizan un lenguaje demasiado técnico, explican de forma compleja los riesgos o no ofrecen ejemplos cercanos a la vida cotidiana, pueden resultar difíciles de entender y utilizar.

También pueden faltar herramientas para reconocer situaciones de riesgo, identificar emociones, comprender las consecuencias de determinadas conductas o saber a quién acudir cuando algo no va bien.

A estas barreras se suman las dificultades que pueden aparecer cuando los servicios de prevención y atención no están preparados para ofrecer apoyos personalizados, o cuando las personas de su entorno no cuentan con la formación necesaria para acompañarlas.

Por eso, la discapacidad no debe entenderse como la causa de una adicción ni como un obstáculo insuperable para afrontarla. Las barreras del entorno, la falta de accesibilidad y la ausencia de apoyos adecuados pueden dificultar la prevención, la detección y la recuperación.

Prevenir también es ofrecer información accesible

La prevención debe adaptarse a las necesidades de cada persona. No basta con explicar qué es una adicción: es necesario asegurarse de que la información se comprende, puede relacionarse con situaciones reales y ayuda a tomar decisiones.

Los materiales en lectura fácil y otros formatos accesibles permiten explicar conceptos, identificar señales de alerta y conocer los recursos disponibles mediante un lenguaje claro, ejemplos concretos y una estructura que facilita la comprensión.

También es fundamental que las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo puedan hablar de sus dudas sin miedo a ser juzgadas, expresar lo que les preocupa y participar activamente en las decisiones sobre los apoyos que reciben.

La prevención requiere, además, la implicación de las familias, los profesionales y otras personas de apoyo. Contar con herramientas para reconocer cambios de comportamiento, escuchar sin culpabilizar y saber cómo actuar ante una posible situación de riesgo contribuye a generar entornos más seguros.

El objetivo no es vigilar ni decidir por la persona, sino ofrecer apoyos que refuercen su autonomía, su capacidad para tomar decisiones y su bienestar.

Detectar las señales y pedir ayuda

Cada situación es diferente y no existe una única señal que permita identificar una adicción. Aun así, conviene prestar atención cuando una conducta empieza a ocupar demasiado espacio en la vida de una persona.

Algunas señales que pueden indicar la necesidad de buscar orientación son:

  • Tener dificultades repetidas para controlar una conducta, aunque se quiera reducir.
  • Dejar de hacer actividades que antes resultaban importantes o agradables.
  • Descuidar el descanso, las relaciones personales o las responsabilidades cotidianas.
  • Experimentar malestar cuando no se puede realizar esa conducta.
  • Mantenerla a pesar de las consecuencias negativas que está provocando.

Estas señales no permiten establecer por sí solas un diagnóstico. Si existe preocupación, es recomendable consultar con profesionales especializados que puedan valorar la situación y orientar sobre los apoyos más adecuados.

En el caso de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, es especialmente importante que esa atención se preste con los ajustes necesarios, información comprensible y respeto a sus preferencias y decisiones.

Pedir ayuda no debe vivirse como un fracaso. Reconocer una dificultad y buscar acompañamiento son pasos importantes para recuperar el bienestar.

Un compromiso con la inclusión y la igualdad de oportunidades

Plena inclusión Andalucía trabaja para que las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo puedan ejercer sus derechos y participar en la comunidad en igualdad de condiciones.

En este marco, la entidad ha impulsado acciones formativas sobre las adicciones dirigidas a mejorar el conocimiento y las herramientas de las personas que acompañan y prestan apoyos. Estas iniciativas buscan contribuir a una mejor comprensión de las adicciones, facilitar su abordaje y promover respuestas más adecuadas a las necesidades de cada persona.

Estas actuaciones se enmarcan en el programa autonómico «Prevención de la exclusión social y discriminación de las personas con discapacidad», que se desarrolla en Andalucía gracias a la financiación de la Convocatoria IRPF 2025.

El programa tiene como finalidad promover la plena inclusión y la igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que se encuentran en situación o riesgo de exclusión social.

Desde un enfoque basado en derechos, contempla el asesoramiento a las organizaciones, la formación y sensibilización de familias y profesionales, las acciones de visibilización y la elaboración de materiales accesibles en lectura fácil, entre otras actuaciones.

La prevención y el abordaje de las adicciones forman parte de sus ámbitos de intervención, junto con otras áreas fundamentales para combatir la exclusión y la discriminación. La perspectiva de género se incorpora de manera transversal para prestar atención a las necesidades específicas de las mujeres con discapacidad.

Una sociedad que acompaña, no que juzga

Hablar de adicciones sigue siendo difícil para muchas personas. El estigma, el miedo a ser juzgadas y la falta de información pueden retrasar la búsqueda de ayuda. Cuando, además, existen barreras de accesibilidad y apoyos insuficientes, esas dificultades pueden aumentar.

Por eso, la respuesta debe implicar al conjunto de la sociedad. Las familias, los profesionales, las organizaciones y los servicios públicos tienen un papel fundamental para prevenir, detectar y acompañar estas situaciones desde el respeto y la comprensión.

Las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo tienen derecho a recibir información accesible, a tomar decisiones sobre su vida y a contar con los apoyos que necesiten para afrontar una adicción.

Con motivo del 29 de octubre, Plena inclusión Andalucía recuerda que prevenir también significa garantizar derechos, eliminar barreras y construir entornos en los que cualquier persona pueda pedir ayuda sin miedo a ser discriminada.

Porque nadie debería quedarse atrás cuando necesita apoyo.

Scroll al inicio